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Eusebio Calonge: «Los personajes de teatro, cuando en verdad están vivos, no se cobijan tras las líneas de un texto ni entre las sombras de un decorado»

por Rocío Bello

Entrevista
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Eusebio Calonge

PREGUNTA: ¿Quién te gustaría que viniese a ver Todos los ángeles alzaron el vuelo?

EUSEBIO CALONGE: Cuando se miran los bufones Velazqueños, entre tantos ejemplos, podemos sentir como estos nos interpelan. Desde luego me parecen vivos en un tiempo al que sólo podemos acceder por la contemplación, un estado propicio en que nuestra vista se hace visión, al que no llegamos por nuestra voluntad. Del mismo modo los personajes de teatro, cuando en verdad están vivos, no se cobijan tras las líneas de un texto ni entre las sombras de un decorado, eso en cualquier caso lo hace el actor, sino que el personaje que se nos revela en un instante, en que se ha consumado algo irreversible, es lo que siempre espero. En cada una de mis obras, y cada vez que voy al teatro. Las contadas ocasiones en que se puede sentir esto, podemos decir que la obra de arte, la belleza, se está creando. Es esa intuición de su realidad, que no es posible a través de la inteligencia o la voluntad, sino únicamente en la realidad viva del sentimiento, lo que yo espero.

PREGUNTA: Qué libro, película, exposición o cualquier otra cosa nos recomendarías para antes y para después de ver la obra.

EUSEBIO CALONGE: Falta poética, hay una gran carencia de poesía en el mundo actual, no sólo antes ni después de ver cualquier obra, sino siempre. La poesía dilata el corazón, genera la acogida. Sentir el espíritu vivo de Jorge Manrique, Garcilaso, San Juan de la Cruz, Quevedo, más cerca en el tiempo Juan Ramón Jiménez, Rubén Darío que abre las voces de otros acentos… La poesía acalla el ruido, nos enseña el ritmo, es decir el latido, a la hora de escribir teatro. Pero esa poética no solo está en los versos, escapa de ellos, pienso en las manos que pintaba José Rivera, en las pinturas negras de Goya, en esas máscaras vivas de Solana, en la música que es como el germen de toda poética, escuchando la BWV 721 se comprueba sin dificultad esto que digo. Yo no me siento capaz de recomendar nada, cada persona tiene sus gustos y sus senderos para llegar a sentir esto que trasciende, sólo cito nombres que afluyeron a mi obra. Como por contagio. A la obra no nos acerca la razón sino intuir su espíritu vivo, ese "saber sin comprender" que diría Leibniz.

PREGUNTA: Si tuvieras que escribir una crítica de Todos los ángeles alzaron el vuelo, ¿cuál sería su titular?

EUSEBIO CALONGE: Decía Brook que montar a cualquier autor sin criticarlo es una traición. Efectivamente aquellos que no permiten una visión nueva sobre su obra serán traicionados por el tiempo. Con esto quiero decir que siempre soy muy crítico con mi obra, mientras escribo y tras cada ensayo, pero también hay que ser crítico con la crítica. Todo es criticable pero no todos tienen el derecho a criticar. Con las redes se ha perdido la potencialidad de la crítica. Encontramos muchas que pasan como tales y son simples opiniones, y eso ya decía Nietzsche está al alcance de cualquiera. No hay criterio en ellas. Son muy pocas las excepciones. Yo encontré el sentido de la crítica en Buenos Aires, allí me daban una visión de mi obra que me había pasado inadvertida, no cercaban en definiciones, su destreza estaba en prescindir de lo superfluo. No definían los contornos de su realidad sino mostraban su esencia. Hablo de finales de los ochenta, aquí aún quedaban resabios de ese oficio senil del crítico avinagrado del que hablaba Machado. Un tasador que analizaba desde fuera, sin sentir la obra, aunque a veces te daban la absolución.  Entonces te ponían etiquetas y hoy día se hacen rankings, nada me interesa de eso.

PREGUNTA: Si te llamara la RAE para que definieras lo que haces, ¿qué les dirías?

EUSEBIO CALONGE: Que no es definible. La creación no se da en el saber sino en el ser.

PREGUNTA: ¿En qué se parece y en qué se diferencia el teatro del presente del teatro del pasado?/¿Cómo ves el teatro del futuro?

EUSEBIO CALONGE: Un lugar donde el tiempo no nos alcance, eso debería ser el teatro. Por decirlo de otro modo, en el arte queda ese tiempo que escapa al tiempo. El Teatro se crea mientras se hace, surge en ese momento, antes nada existía. Contra lo que se piensa la tradición nace a cada instante, sin la carga del pasado, liberada del tiempo, de historiadores y academicismos. Siempre es algo vivo, la luz de un fuego eterno. Luego hay quien escribe con sus cenizas. Aunque nunca perteneceremos al tiempo que vendrá cuando nos interrogamos sobre el sentido de nuestra existencia logramos abrir un espacio que nos trasciende, creo que eso es lo que nos hace realmente habitar el presente. Lo que está viniendo se está yendo, percibir esta fugacidad es vivenciar la trascendencia. Hacia el pasado podemos tocar la muerte  y es la única manera que tiene el hombre de verla, decía Kantor y hacia el futuro, en su devenir, podemos imaginarlo, como lo sueños, puede ser que también revele premoniciones. Puede ser ese "diálogo confuso de las tumbas y los cielos". Luego está ese teatro hecho para la época, que piensa que el presente es un simple instrumento del futuro, todo ese sistema que intenta sacrificar el presente al pasado, o al futuro, sin dejar al presente más valor que un doloroso tránsito. ¿Es Shakespeare del pasado y todo lo que se hace hoy presente? Decía Gómez Dávila que quien escucha atento el ruido de su tiempo no escribirá su música. Y la época nos deja esa sensación; hemos perdido la Thymele, el altar del teatro griego alrededor del cual danzaba el coro, La Zaranda siempre lo  presintió como eje oculto, de hondura remota y verticalidad infinita, en sus círculos procesionales, ¿Es la ceremonia un vestigio o podemos presentir que ese es el futuro del teatro? Esos teatros donde el espacio nos escucha no perdieron su condición de templo, los demás son asambleas.

PREGUNTA: ¿Con qué no perderías el tiempo?

EUSEBIO CALONGE: Con ese teatro que se hace como en el teatro. No me interesan los grandes textos, ni los grandes actores o actrices, ni los grandes directores, escenografías, etc. Que quiten todo eso a ver si puede aparecer el teatro.

PREGUNTA: ¿Qué espectáculo te gustaría ver de los programados esta temporada en Nave10 o en cualquier otro lugar?

EUSEBIO CALONGE: Desde luego “La gesta heroica” de Ricardo Bartis, uno de los grandes maestros al que hace mucho no se le programa en España. Este año también vi otros trabajos magistrales, el de Margarita Bali, “Juego del Tiempo”, toda una vida danzando ¡Cuánto me hizo imaginar lo que veía! En ella la belleza y la inteligencia guarda un preciso, y precioso, equilibrio. Otro en reseñar seria "De la mejor manera". Dos tremendos actores, con dirección de Jorge Eiro, nos enseñan lo esencial para hacer teatro: que la vida es tan real como el teatro mismo. Por último “Algodón de Azucar” de Gabriela Ochoa, oscuro e inquietante.  Tan atentos a lo que se programa en Europa, con tanta frecuencia meras necedades, se nos escapa lo mejor que se está haciendo en el mundo.

PREGUNTA: ¿Qué miembro del equipo de Todos los ángeles alzaron el vuelo te gustaría que también contestara estas preguntas?

EUSEBIO CALONGE: La compañía, cada integrante de Zaranda, de los más veteranos a las últimas incorporaciones, están comprometido con la actuación, no pertenecen a ese mundo donde se representa continuamente para promocionarse y en que el escenario es sólo un hecho residual que sirve para impulsarse hacia la fama. Así que cualquiera podría hacerlo.

PREGUNTA: ¿Algo que añadir?

EUSEBIO CALONGE: Añadiría a todo esto, que nos gusta estar en Matadero, porque para nosotros el teatro no se refugia en ninguna escenografía, sino que el escenario vacío es nuestro propio espacio escénico, en él se da la mejor metáfora: estamos acorralados entre el público, que aquí estará a tres bandas, como nuestros personajes ante el destino, en mitad de unas miradas que juzgan, que pueden rechazar o acoger, pero que no revierten su situación. Este espacio tiende a ser la frontera oscura, imprecisa de una amenaza.  El espacio de Nave 10 es ideal por su desnudez y proximidad. La mejor puesta en escena es la más invisible. Los recursos técnicos quizás produzcan ilusión, pero matan el misterio. Me parece cierto eso que decía Barthes, desde un espacio abolido es desde donde podemos percibir el espacio. Ojalá sea para quien asista a “Todos los ángeles alzaron el vuelo” una vivencia, eso que dije al principio, que se le aparezcan los personajes para consumar irremediablemente la tragedia.