Escuela de Espectadores Sénior: Tres noches en Ítaca
Mediación Nave 10 Matadero
La Escuela de Espectadores Sénior se reunió el 11 de febrero en el Terrario de Intermediæ para sumergirse en Tres noches en Ítaca, en una jornada especialmente emotiva en torno al espectáculo dirigido por María Goiricelaya a partir del texto de Alberto Conejero. La obra nos sitúa en un territorio profundamente simbólico: el regreso, el ajuste de cuentas con el pasado y la pregunta por el sentido de una vida.
El encuentro partió de un trabajo previo que invitaba a responder tres preguntas:
¿Cuál es mi Ítaca y por qué?
¿Qué decisión tomé en mi vida que cambiaría y cuál no cambiaría nunca?
¿Qué es lo que nunca dije y me hubiera gustado decir?
Las respuestas revelaron una riqueza humana enorme y pusieron de manifiesto cuánto tenemos en común. La mayoría de las Ítacas compartidas no estaban ligadas a la aventura, sino al refugio: la casa propia o de la infancia, la familia, un pueblo, el mar, la casa de los abuelos. La Ítaca sénior apareció como lugar de calma, reconciliación y memoria. En ese sentido, la obra dialoga de forma directa con el grupo: quizás Alicia, la madre protagonista no huye, sino que busca un espacio donde ser fiel a sí misma.
El debate abordó cuestiones que atraviesan la pieza: la libertad frente a responsabilidad familiar; la tradición frente a deseo individual; la ciencia frente a humanidades; el lugar del final y los cambios generacionales en los rituales de la muerte. ¿Abandona Alicia o se emancipa? ¿Cambia nuestra mirada cuando somos hijos adultos? ¿Qué exigimos hoy a una madre de 70 años?
Emergieron también arrepentimientos compartidos: no haber estudiado lo que se deseaba, no haber sabido decir “no”, haber callado demasiado. No aparecieron grandes errores morales, sino renuncias silenciosas. Y, por encima de todo, se repitió una frase ausente: “te quiero”. No por falta de amor, sino por falta de costumbre, de educación emocional o de clima. La obra toca así una fibra especialmente sensible: el duelo por lo no dicho, por la vida que pudo ser, por la voz de la madre que ya no está.
La sesión contó con la presencia de Amaya Lizarralde, intérprete de Penélope en la obra, quien acompañó al grupo durante toda la mañana, y del propio Alberto Conejero, que compartió el origen de la escritura del texto, su interés por las relaciones familiares y el proceso de trabajo con el equipo artístico.
Una jornada intensa y movilizadora que confirma el valor de la Escuela de Espectadores Sénior como espacio de pensamiento compartido, memoria y conversación profunda en torno a las artes escénicas.